El medicamento más exclusivo del mundo antiguo.

La triaca no era una medicina sencilla, era una receta extraordinariamente compleja.. Dependiendo de la época y del autor, podía contener entre cincuenta y setenta ingredientes diferentes.

Su fama fue tan extraordinaria que algunas ciudades organizaban ceremonias públicas para elaborar la receta ante cientos de personas, garantizando así que ningún boticario adulterara sus ingredientes.

Hubo una época en la que reyes, emperadores y campesinos compartían el mismo miedo: morir envenenados.

Las conspiraciones políticas, los asesinatos mediante venenos y la dificultad para reconocer las sustancias tóxicas hicieron que, durante siglos, el antídoto perfecto se convirtiera en una auténtica obsesión.

De esa búsqueda nació uno de los preparados más famosos de toda la historia de la medicina: la Theriaca, conocida en castellano como triaca.

Durante casi mil ochocientos años fue considerada el medicamento más prestigioso de Europa y del Mediterráneo. Se preparó en farmacias, hospitales y monasterios desde la época del Imperio romano hasta bien entrado el siglo XVIII.

Pero ¿Qué era realmente la triaca y por qué alcanzó semejante prestigio?

La historia comienza en el siglo I a. C. con Mitrídates VI Eupátor, rey del Ponto.

Rodeado de enemigos y convencido de que tarde o temprano intentarían asesinarlo mediante venenos, dedicó buena parte de su vida a buscar sustancias capaces de protegerle. Según relatan los historiadores de la Antigüedad, comenzó a ingerir pequeñas dosis de distintos venenos para intentar hacerse inmune. De su nombre nació el término mitridatismo.

Las fuentes antiguas cuentan que experimentó con numerosas plantas y preparados hasta desarrollar una compleja mezcla de ingredientes conocida posteriormente como mithridatium.

Aquella formulación pretendía actuar como un antídoto frente a distintos venenos y se convirtió en el antecedente directo de la futura triaca.

Andrómaco y el nacimiento de la triaca

Un siglo más tarde, durante el reinado del emperador Nerón, el médico Andrómaco el Viejo, facultativo de la corte imperial, tomó aquella antigua receta y decidió ampliarla.

Añadió nuevos ingredientes, modificó las proporciones y creó un preparado todavía más complejo.

La nueva formulación recibió el nombre griego Theriaka.

Su nombre procede del término griego therion, utilizado para designar animales venenosos o salvajes, ya que originalmente el preparado estaba destinado a combatir mordeduras y venenos.

Con el paso del tiempo, aquella función inicial se amplió enormemente.

Fue Galeno (129-c. 216 d. C.) quien terminó de consagrar la triaca y la convirtió en el medicamento más famoso y exclusivo del Imperio Romano.

Galeno, el célebre médico del emperador Marco Aurelio la estudió, modificó algunas proporciones y escribió extensamente sobre ella. Bajo su influencia, la triaca dejó de considerarse únicamente un antídoto.

Comenzó a administrarse frente a enfermedades muy diversas, especialmente aquellas asociadas a fiebres, epidemias, problemas digestivos, afecciones respiratorias y estados generales de debilidad.

Hoy sabemos que muchas de aquellas indicaciones reflejaban la forma de entender la medicina de su época y no constituyen pruebas de eficacia según los criterios científicos actuales. Sin embargo, su prestigio fue tan enorme que la triaca continuó elaborándose durante más de un milenio después de la muerte de Galeno.

Una receta extraordinariamente compleja.

La triaca no era una medicina sencilla. Dependiendo de la época y del autor, podía contener entre cincuenta y setenta ingredientes diferentes.

Entre ellos encontramos miel, vino, opio, mirra, canela, jengibre, pimienta larga, iris, azafrán, cardamomo, regaliz, genciana, resinas aromáticas y numerosas plantas procedentes de Asia, África y el Mediterráneo.

En algunas versiones incluso se incorporaba carne desecada de víbora, ya que se pensaba que pequeñas cantidades del propio animal podían ayudar a proteger frente a su veneno.

Preparar una triaca requería semanas de trabajo y materias primas muy costosas.

Por ello solo las grandes boticas podían elaborarla correctamente.

La medicina más cara de Europa

Durante la Edad Media y el Renacimiento, la triaca alcanzó una fama extraordinaria.

Ciudades como Venecia organizaron auténticas ceremonias públicas para fabricar la Triaca Veneciana, probablemente la versión más célebre de toda Europa.

La elaboración tenía lugar delante de médicos, autoridades y ciudadanos para demostrar que todos los ingredientes eran auténticos y que las proporciones seguían fielmente la receta tradicional.

Su elevado precio hacía que muy pocas personas pudieran permitirse comprarla.

Poseer un pequeño frasco de triaca era, en muchos casos, un símbolo de riqueza además de una forma de protección frente a enfermedades y posibles envenenamientos.

Entonces… ¿por qué Galeno llamó al ajo «la triaca de los campesinos»?

Precisamente porque la auténtica triaca estaba fuera del alcance de la inmensa mayoría de la población.

Mientras emperadores y nobles podían adquirir un preparado elaborado con decenas de ingredientes exóticos, los campesinos solo disponían de aquello que creciera en sus huertos.

El ajo era abundante, económico y muy apreciado desde hacía siglos.

Cuando Galeno lo llamó Theriaca rusticorum, «la triaca de los campesinos», estaba estableciendo una comparación, no afirmando que el ajo sustituyera realmente a la triaca.

Con esa expresión reconocía que, para quienes no podían acceder al medicamento más prestigioso de su tiempo, el ajo representaba uno de los recursos naturales más valiosos disponibles.

Aquella frase ha sobrevivido casi dos mil años y sigue siendo una de las referencias más conocidas de la antigua medicina.

El final de una leyenda

A partir del siglo XVIII, el desarrollo de la química, la farmacología y el método científico comenzó a cuestionar los grandes preparados tradicionales.

Las fórmulas con decenas de ingredientes fueron desapareciendo progresivamente en favor de medicamentos de composición conocida y efectos más predecibles.

La triaca terminó abandonando las farmacopeas oficiales.

Sin embargo, su importancia histórica permanece intacta.

Durante casi dieciocho siglos fue el medicamento más famoso del mundo occidental y simbolizó el deseo humano de encontrar un remedio capaz de proteger frente a los mayores peligros de su tiempo.

Quizá esa sea su verdadera herencia.

No tanto la eficacia que se le atribuyó, sino el extraordinario esfuerzo de médicos, boticarios y naturalistas por comprender la naturaleza y transformar plantas, resinas, minerales y alimentos en aquello que entonces entendían como medicina.

Y entre todos esos ingredientes, el humilde ajo ocupó un lugar tan destacado que Galeno llegó a compararlo con el medicamento más prestigioso jamás elaborado durante toda nuestra historia conocida.

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